25 de noviembre, Día contra la Violencia Doméstica – Cuando lo cotidiano es tan cotidiano que no se permite pensarlo, sólo lo vamos incorporando al escenario de nuestras vidas y nos va matando

En el Día contra la violencia doméstica compartimos un artículo escrito por Blanca Armand Pilón para la revista CAMECnoticias

“Comienzo este artículo pensando que el año 2015 amaneció oscuro para las mujeres uruguayas, porque van 28 homicidios-feminicidios en nuestro país.

Las estadísticas señalan la dimensión y casi la conmoción que está produciendo el homicidio-feminicidio de 28 mujeres en lo que va del 2015 en Uruguay. Uruguay comparte con El Salvador la tasa más alta de mujeres asesinadas por una pareja o ex pareja en América Latina.

Entre noviembre de 2013 y noviembre de 2014 fueron asesinadas 49 mujeres y murió una cada 15 días por razones de violencia doméstica, según datos del Ministerio del Interior.

Pero ahora (2015) podemos decir que es asesinada una mujer por semana. La causa más frecuente de los asesinatos de mujeres en Uruguay es la violencia doméstica, que casi exclusivamente afecta a las mujeres, según las estadísticas.

Que la franja más bestialmente acosada es la franja entre los 15 y los 44 años, tanto de abuso como de violencia en todas sus manifestaciones, como de muerte.

Si tomamos todas las muertes violentas de mujeres en Uruguay, estas se deben a:
85% violencia doméstica
2% agresión sexual no doméstica
2% hurto, rapiña, copamiento
10% de otros motivos

Pero el 85% de las mujeres que mueren violentamente, mueren por violencia en el hogar. (Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad). Y a nivel mundial las estadísticas son similares.

Estas cifras nos llevan a pensar la distinción entre feminicidio y homicidio. Porque el feminicidio se entiende como una expresión machista o una forma de sometimiento definitivo de las mujeres.

“La mayor parte de las mujeres mueren en manos de sus compañeros habiendo ya cortado la relación. Su asesinato es la última apropiación de sus vidas. Como si no tuvieran las mujeres derechos de vivir al margen de esa pareja” (Brecha, Nita Samuniski, Mujer Ahora).

Para llegar a entender el feminicidio necesitamos hacer una aproximación conceptual a las violaciones de los derechos de las mujeres.

Es fundamental entender que la lesión a sus derechos, las situaciones de discriminación y abusos de la que son objeto se deben en forma específica a su condición de mujer.

Que el sexo se convierte en uno de los factores que aumenta de modo significativo, su vulnerabilidad.

Que la violencia de género es aquella que se ejerce contra las mujeres, por el solo hecho de su condición de mujer.

Que tiene su origen en la desigualdad de derechos que establece el varón sobre la mujer en la sociedad patriarcal, quedando relegada ésta, al ámbito familiar y doméstico.

Que son sus víctimas las mujeres adultas, niñas, ancianas y/o con discapacidad. Que acarrea pérdida de años de vida saludable, a veces con daños irreparables para las mujeres que la padecen.

Que el género es una construcción sociocultural que se ha elaborado históricamente y que alude al conjunto de atributos socioculturales asignados a las personas a partir del sexo y que convierten la diferencia sexual en desigualdad social.

Que la diferencia de género no es un rasgo biológico.

Que la importancia del concepto de género radica en hacer visible el supuesto ideológico que equipara las diferencias biológicas con la adscripción a determinados roles sociales.

Que el concepto nació, precisamente, para poner de manifiesto la desigual relación de poder existente entre mujeres y hombres entendidos como sujetos sociales y no como meros seres biológicos. Comprender que la violencia de género es un fenómeno que se ha venido produciendo a lo largo de la historia de la humanidad, quedando relegado al ámbito privado.

Que en la actualidad se considera un problema del ámbito público y social que hay que erradicar por vulnerar los derechos humanos.

Que la erradicación de la violencia de género debe estar como uno de los principales objetivos de las políticas públicas.

Que las políticas en marcha son básicamente para atender las consecuencias pero no para intervenir en las causas.

Que el discurso que seguimos escuchando en ámbitos de las instituciones pero también de toda la sociedad es que los varones que ejercen violencia son excepciones, medio loquitos que se les va la mano y no queremos, o no podemos reconocer, hacer conciencia, que esto tiene que ver con las relaciones de poder y el sentimiento de propiedad de hombres sobre mujeres.

En ese sentido se hace necesario señalar que se requieren de parte de la sociedad, instituciones y los gobiernos (nacionales, departamentales, locales) acciones más fuertes, mensajes claros de que no hay razón ni motivo, nada, nada, que explique ni justifique que las mujeres mueran acribilladas, apuñaladas, ahorcadas, golpeadas, violadas, por hombres en quienes pusieron su amor y confiaron en algún momento de sus vidas: un esposo, un novio o ex pareja, un familiar.

Es fundamental para sensibilizarnos en la problemática tomar contacto, saber de los sentimientos de humillación y vergüenza, el cansancio y agotamiento, la angustia, el miedo y terror, la desesperanza que se ven en los ojos y se palpitan en los cuerpos de las miles de mujeres que circulan las calles de nuestros pueblos y ciudades, de nuestras familias y comunidades, que se sientan al lado en un ómnibus, que están en la cola de un centro de salud, que participan de un cumpleaños familiar y que no se animan (por amenazas, miedo, intimidación, soledad) a no hablar y pedir ayuda. Y el miedo más grandes suele ser muchas veces el sentimiento de ser juzgadas (por algo habrá sido) y no ser defendidas.

Así la sociedad, las comunidades, las instituciones, las familias nos convertimos para estas mujeres también en agresoras. El círculo se va cerrando y será muy difícil que busque ayuda. Y eso es lo que busca y le conviene al agresor: que las dejemos solas.

Pero seguramente todo esto ustedes ya lo saben, lo ven, lo escuchan.

Frente a la impotencia e injusticia, a la indiferencia y poco compromiso, el llamado seguirá siendo a no acomodarnos ni acostumbrarnos a las violencias.

Comprender que con cada abuso sexual infantil y adolescente, con cada asesinato y situación de violencia doméstica, todas y todos somos abusados y morimos un poco y vamos perdiendo la posibilidad de desarrollarnos como personas íntegras en derechos. Y porque el amor, del que tanto hablamos y se habla en la sociedad, se hace visible en el respeto y los cuidados mutuos y en el derecho y compromiso a una vida libre de Violencias”.

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